domingo, 23 de noviembre de 2014

La blanca navidad de Sufrida



Navidad, esa festividad de fin de año en donde tanto la tradición como el mercadeo nos venden la idea de dar lo mejor de nosotros para compartir sin razón aparente. Nada más lejos de la realidad: son muchas las razones por las cuales las personas y hasta empresas se preparan para ellas, las cuales deben o se supone que son tiempos de paz y alegría.

            Sin embargo, siempre hay un buen número de despechado/as por lo ocurrido en el año que ven en la celebración una excusa para la melancolía y la tristeza, que contrasta con el ambiente de jolgorio que los rodea: Sufrida Pérez era una de ellas. Lo peor de todo, es que su desgracia fue aún mayor: tras largos años de prometerse amor eterno, Sufrida terminó con su novio de toda la vida luego de descubrir diferencias irreconciliables, ¡¡justo días antes de comenzar diciembre!!

            Fácilmente Sufrida fue otra de las víctimas fatales que disfrutan el villancico de Marco Antonio Solís, pero el colmo no terminó allí. Cierto día, alguien tocó a su puerta, que al abrirla no encontró a nadie, salvo una pequeña caja llena de agujeros con algo peludo moviéndose adentro. En la parte superior, estaba pegada un papel con una frase escrita en puño y letra de su ex – novio que decía: “Disfruta mi último regalo de navidad”.

            Con cierta suspicacia, Sufrida abrió la tapa y apenas vio su contenido, comenzó a estornudar: ¡¡era una joven gata blanca con un lazo rojo de regalo alrededor de su cuello!!

            Su ex era cruel: él sabía de su alergia a los gatos y no era posible que disfrutara de su compañía; el precio que debía pagar  por haber roto con él.

            Ella tomo a la gatita y la alejo lo más lejos que pudo: en un vertedero de basura vecinal. Pero a los cinco minutos, la sinfonía de maullidos se hizo insoportable, por lo cual le vertió agua de una cubeta: la gata corrió despavorida.

            Justo cuando pensó que todo terminó, una serie de arañazos en la puerta rasgó su tranquilidad. Ella fue decidida, pala en mano, a expulsar a la intrusa. Pero apenas abrió un poco la puerta, la felina aprovecho para entrar por la brecha. Pasaron las horas y Sufrida buscó, buscó y rebuscó sin lograr encontrarla. Finalmente cayó exhausta en su sofá.

            Horas después, un ruido de cacerolas que caían y platos que se rompían la despertó. Cuando llego a la cocina, vio que estaba hecha una réplica a escala micro de Troya luego del saqueo, además de un olor desagradable de carne descompuesta. En el centro de la cocina había una rata muerta, la más grande que ha visto en su vida. Justo detrás de su cuerpo sin vida, estaba la gatita parada de cuclillas en sus patas traseras, con las delanteras soportando el resto del cuerpo y una carita con expresión tierna y a la vez melancólica; sus grandes ojos amarillosos clavados hacia ella de forma conmovedora. Lo último que hizo fue decir un suave miau.

            Pese a que siguió siendo alérgica a los gatos y les costaba entenderlos por completo, Sufrida de algún modo se adapto y con el pasar del tiempo le tomó cariño a su traviesa pero útil mascota. Se volvió jubilosa porque al final descubrió que su ex, lejos de jugarle una pesada broma, le dejo sin saberlo el mejor regalo de navidad de su vida.




            

martes, 28 de octubre de 2014

El día de todos los gatos






Me imagino que todos/as los dueños/as de gatos en el mundo se preguntaran de qué estoy hablando, así que me voy a explicar incluso para los que no me hayan entendido en mi idioma: el título no es más que una deformación de la frase “el día de todos los santos”, mejor conocido como halloween; me pareció tan bonita que la hice rimar de esa forma, ojalá quien hable otra lengua lo encuentre gracioso. Si bien es cierto que oficialmente existe el  “día del gato” y el “día de la mascota”, no cabe duda que los felinos siguen siendo los más afortunados de todos: tienen otro día del año para celebrar.
          
  ¿Pues qué tienen que ver los gatos con el halloween?, si te diste cuenta son el único animalito que aparece en su forma natural en todas las alusiones a dicha festividad; ni los vampiros, hombres lobo, murciélagos, arañas o ratas cuentan: los primeros dos por sus formas humanoides y los últimos tres porque no suelen ser aludidos a menudo, así que el gato se quedo en el sitial de honor.
           
 El gato doméstico, principalmente los de color negro, son las mascotas favoritas de las brujas, los que juegan dentro de las calabazas y hasta quienes le hacen compañía a la alegoría de la muerte en algunas ilustraciones. Ya sea por su carácter misterioso, sus supuestos poderes síquicos o su casi incompleta domesticación, los gatos le aportan al halloween ese aire divertido y a la vez místico a susodicha fecha.
          
  Para poder entender cuál es el verdadero origen de la inclusión del gato como el símbolo más representativo del halloween, tenemos que remontarnos a la que quizá es la época más oscura de la existencia humana: la edad media. Con el auge del cristianismo y el surgimiento de los reinos bárbaros tras la caída del imperio romano, se inicio un período de oscurantismo y religiosidad que duraría mil años y que marcaron para siempre el devenir del mundo occidental. En aquellos días, la naciente iglesia cristiana, en su afán por eliminar los potenciales rivales a su hegemonía religiosa, dio inicio a una brutal cacería que con el tiempo se le daría el nombre de “inquisición”.

            Uno de los poderosos signos paganos era nada menos y nada más que el gato: estaba asociado con la diosa nórdica Freiya y era considerado por los egipcios como un animal sagrado – en efecto, la religión egipcia era una de las más influyentes en el imperio romano-, de manera tal que al gato lo consideraron animal impuro. Los gatos cayeron del pedestal en que los tuvieron durante siglos a ser el animal más perseguido de Europa, sin bien nunca los eliminaron por completo dado a su rápida capacidad de reproducirse. Matar un gato era considerado normal y en las ferias se disparaban flechas a un gato encerrado en una caja de madera que colgaba sostenida por una cuerda que alguien agarraba y balanceaba de un palo.

            Tampoco ayudaba el hecho de que el gato fuera el compañero favorito de las ancianas: en aquellos días se consideraba que las mujeres de cierta edad eran brujas, por lo cual no solía ser raro que al felino se le viera como un ser del infierno. En realidad, a estas ancianas abandonadas e inútiles en una época en que al trabajo físico se le daba demasiada importancia, les era fácil tener un gato de compañero ya que requería menos cuidados que otro tipo de mascota.

            La reivindicación del gato se dio en pleno auge renacentista, cuando los médicos ilustrados de aquella gloriosa generación se dieron cuenta que la peste bubónica - enfermedad que en ese tiempo era el azote de la población europea – se transmitía a través de una bacteria que vivía en el cuerpo de las ratas y que la alta proliferación de estas se debía en gran medida a la falta de gatos que las pudieran cazar. Fue así que tras siglos y siglos de programas de profilaxis y campañas de concientización lentas pero profundas, la caza de gatos llego a su fin. Hoy en día todavía hay gente que asocia a los gatos con la magia negra o los odia por completo, pero el rechazo no se da en nuestros días como en esos tiempos.



            Pese a todo esto, el gato quedo asociado en la memoria colectiva como las mascotas de las brujas y símbolo de hechicería, de forma tal que no paso mucho tiempo para que el gato doméstico de algún modo lo incluyeran en la fiesta irlandesa del sambuin, que terminaría convirtiéndose con el pasar de los años en lo que hoy conocemos como “halloween”.

            Así que ya sabes porque a nuestros gatitos los asocian con esta celebración, por lo que de ahora en adelante deberás tener mucho cuidado cuando a tu gato se le ocurra hablar con ciertos “amiguitos” invisibles en “la fiesta de todos los santos”. Hasta pronto y feliz día de todos los gatos.



domingo, 26 de octubre de 2014

La magia del gato


Luego de un espeluznante y terrorífico viaje, la joven y hermosa bruja regresaba a su mansión encantada acompañada de su melenudo gato negro, que se sujetaba a la escoba voladora con sus garras enroscadas a ella. Cuando bajaba gradualmente la velocidad, el gato lanzo un bufido de lamento.

- ¿Qué te pasa Hades?

- Miauuu, querida ama, ¿por qué bajamos la velocidad?

- Estamos regresando a casa, no hay necesidad de ir más rápido, ¿qué hay con eso?

- Por favor, vuelve a acelerar, es que me interrumpiste mi tratamiento de blower.



Y el gato le puso una de sus tantas caras


- ¡¡Oh, oh!!