No hace mucho tiempo - poco para un humano, bastante para un gato - , vivían un joven y un exótico gato angora turco en un suburbio de Estambul.
El gato siempre era caprichoso cuando iba a comer las croquetas de su envase, pues a pesar de que casi siempre había bastantes croquetas en el fondo, él quería que su amo le echara croquetas frescas.
Un día, justo antes de que el joven fuera partiendo al trabajo, el gato comenzo a maullar bastante y el joven le volvió a echar croquetas frescas sobre las viejas. El hombre le preguntó lo siguiente a su gato.
- Yo aún no entiendo porque ustedes los gatos no comen las croquetas viejas y siempre andan rogando para que les echen croquetas frescas cuando tienen hambre.
Y el gato le respondio en su idioma gatuno.
- Miauuuu, ¿acaso ustedes los humanos comen la misma comida todos los días?
Cierto día, un hombre traia a su casa una caja con equipos electrónicos y una cama para su gato, que recien había comprado en el centro comercial.
Vio al gato acostado en el sofa, lo cargo y lo puso en la camita y, a continuación, comenzó a sacar los aparatos electrónicos de la caja. Cuando por fin termino de colocar en su lugar el último aparato electrónico que saco de la caja, vio que el gato se había metido dentro de esa misma caja que había vaciado, en lugar de estar acostado en su camita.
El hombre le pregunto lo siguiente.
Oye Otto, ¿por qué sera que a ustedes los gatos les encantan tanto las cajas?, ¿acaso no te gusta la camita que te compre?
Y el gato respondio en su idioma gatuno.